Pagina Abierta

Algo huele a podrido...

Hay días en los que uno no está para nada ni para nadie. Hoy es uno de esos.

Después de la vergüenza ajena que he sufrido viendo el último debate para la investidura de Presidente de Gobierno en el Congreso de los diputados, no me quedan ganas ni de hablar.

Pero soy incontinente. Ya me lo decían mis padres: No te callas ni debajo del agua.
Así que algo hablaré, pero poco. Lo dejo todo en manos del poema que os acompaño: PASEO DE RECOLETOS, ESQUINA A COLÓN, en el que el protagonista es un vagabundo al que he dado en llamar Manuel (nunca supe su nombre), y que vi dormir muchas noches en un túnel, hoy desaparecido, bajo el madrileño paseo de la Castellana.

En mundo pasa alrededor del vagabundo, la vida se sucede, el alboroto no cesa, obras, coches, ruido, turistas, todo tipo de asuntos. Pero Manuel el Barbas sigue allí, y seguirá allí o en cualquier otro lugar, durmiendo en sus cartones, olvidado por casi todos e indiferente a casi todo. 

Me identifico hoy con él haciendo una relación forzada pero que veo clara en mi interior.2019032817125361471
El espectáculo bochornoso de unos políticos incapaces de llegar a un acuerdo, los engaños que se adivinan detrás de muchas posturas y manifestaciones, la mala lectura de lo que los ciudadanos votamos en su día, el ansia de poder disfrazada de voluntad de servicio público... todo eso me hace sentir como un vagabundo al que nadie mira, al que todos evitan. Y así siento a la mayoría de los españoles, cuyos problemas no parecen importar demasiado a nuestros representantes públicos.

Su ambición nos convierte en indigentes, en apestados que sólo sirven para dar un voto y aguantar luego que los destinatarios de ese voto se preocupen sólo de sus intereses, de sus sueldos (véase la miríada de alcaldes y concejales que tras las últimas elecciones municipales lo primero que hicieron fue subirse sus salarios), de sus poltronas, de su futuro, mientras que el presente y el futuro de la gente sencilla queda reducido a nada, a estampa de vagabundo dormido en un túnel sobre unos cartones.

Los políticos seguirán con su prepotencia, con sus sueldos aunque hagan rematadamente mal su trabajo; se irán de vacaciones dejando a millones a la espera de que se acabe tanta pantomima. 

Todos somos un poco Manuel el Barbas, dejados de la mano de los poderosos que no quieren arreglar el mundo porque andan ocupadísimos arreglando sus asuntos personales

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