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Subiendo por La Ilíada, a mano derecha

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Aquiles es feroz, decidido, imbatible, sólo por los talones se le puede vencer (un asunto de magia mitológica). No me interesan mucho los invencibles.

Ayax es poderoso, un guerrero gigante, pero los dioses nunca lo protegen, se vuelve loco con facilidad y le da por quitarse la vida. Mal ejemplo que no quiero seguir. Tampoco el otro Ayax más pequeño me interesa. Nos es más que un violador desafiante.

Agamenón el obstinado, un bruto lleno de ambición, un parricida, y su hermano Menelao un cornudo que no supo querer a la mujer más bella; por eso ella se largó con Paris y provocó una guerra (seguro que sería por más cosas). Conste que Paris era un barbilindo que hoy andaría engominado por las discotecas. Ninguno de los tres es de mi gusto.

Patroclo es poco más que una sombra de Ulises, un primito enchufado y pretencioso, destinado a morir en nombre ajeno. Lo prefiero alejado.

Diomedes resulta un embajador frustrado, experto en pedradas y heridor de dioses, tuvo que huir, acabada la guerra, para que no lo asesinara su esposa. Pues menudo plan.

Héctor está en el bando perdedor y lo sabe, defiende su ciudad, pero no bastarán su valor y su esfuerzo frente a la cólera de Aquiles. Mal asunto seguir su estela. Tampoco estoy por el segundón de Héctor, Eneas, al que si los dioses no llegan a proteger pierde hasta el taparrabos. Al final, huirá para irse a fundar Roma, pero eso es otra historia. En Troya, poquita cosa.

De las mujeres del poema homérico, mejor no comento mucho porque son más comparsas que otra cosa: trofeos de los hombres, esclavas, moneda de cambio y poco más. Tal vez Casandra, pero no sé si hay que acercarse a una adivina a quien nadie hace caso y al final la asesinan. En la Odisea la cosa cambia un poco.

Permitid que me quede con Ulises que, pese a ser maestro en los engaños, era el único con dos dedos de frente. Solucionó los problemas de muchos, aunque apenas pudo solucionar el suyo. Veinte años para volver a casa, amores y aventuras, y al final, ni se sabe si murió de viejo o si lo mató por error uno de sus hijos o si llegó al Atlántico para fundar Lisboa.

Esto de los héroes es siempre un asunto para andarse con cuidado.

Enrique Gracia Trinidad

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