Pagina Abierta

Pido castigo

Puede ser que el largo confinamiento me esté afectando —¡a quién no!— o que ciertas ideas de conspiración no se me van de la cabeza.
Y no digo que la situación actual sea causa directa de una conspiración, sino, tal vez, producto de la conspiración continuada que ciertos poderosos de detestable calaña mantienen en la sombra contra todo lo que sea calidad de vida de todos. Sabido es que para que unos pocos vivan extraordinariamente bien, son millones los que tienen que vivir regular, con lo justo, mal o en franca miseria.
Y como cada vez somos más habitantes en el planeta, y como cada vez hay más jubilados, dependientes o desheredados por completo, pues los poderosos, a falta de guerras que diezmen la población, tienen que sacar a pasear virus o lo que sea, cada vez más a menudo. Así eliminan parte de lo que para ellos es sobrante y no productivo, o al menos meten el miedo en el cuerpo, recortan las libertades y avisan que ya está bien de vivir bien, que para eso ya están ellos, que nos conformemos con vivir con lo menos posible, aperreados, angustiados y pendientes de las limosnas que ellos quieran hacer caer desde su altura privilegiada.
Hoy recibo la noticia, de primerísima mano, de que son miles los que andan pasándolo tan mal, en Madrid (supongo que también en muchos otros lugares) que andan buscando comida por donde sea, acudiendo a los agotados bancos de alimentos, a las asociaciones solidarias, a Cáritas, a distintas oenegés. Hasta suicidios está habiendo aunque, como siempre, esa es una plaga de la que apenas se habla nunca.
No es que no tengan para pagar la luz, el agua u otros servicios esenciales, que tampoco; es que ya no tienen para comer. Puntualmente la plaga del hambre puede llegar a superar al Covid 19 aunque a lo largo de la historia siempre lo ha superado con creces.

El asunto empieza a ser alarmante y angustioso, mientras las ayudas oficiales se retrasan y las altas instancias políticas españolas, europeas y universales marean la perdiz, echan cuentas de sus beneficios partidistas, protegen sus inversiones o sencillamente se ven desbordados pero no lo confiesan.
Mientras ellos discuten, atacan al contrario y se vanaglorian de sus conmilitones, la gente más vulnerable está encerrada, preocupada por su futuro, cuando no por su presente, confiando en el dios en el que crean o abrazados a cualquier atisbo de esperanza y consuelo.

No he podido evitar acordarme de unos versos de Pablo Neruda. Quitad fusiles y pólvora, quitad banderas, quitad tendencias políticas e imaginad a quiénes considero enemigos, responsables, asesinos e imperdonables, y lo que pido para ellos.

neruda

LOS ENEMIGOS (Pablo Neruda)

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos
de pólvora, ellos mandaron el acerbo exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.

Entonces, en el sitio
donde cayeron los asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.
Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.
Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.
Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.
Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.
Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.
Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.

No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.

No los quiero de embajadores,
tampoco en su casa tranquilos,
los quiero ver aquí juzgados
en esta plaza, en este sitio.
Quiero castigo.

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