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¿Qué es lo que no hemos entendido? ¿Qué haremos cuando salgamos?

El estado de alarma revela el fracaso de la educación, porque nos ha resultado más fácil confinar a la masa que pedir responsabilidad y prudencia a las personas.

Cuando mediaba esta pandemia, una persona me comentó que había estado en un comercio de unos seis metros cuadrados, ocho a lo sumo, con otros tres clientes más. Cuando le dije que eso no debía hacerlo, me espetó: «Pero si el mal está en la calle. Lo que nos han prohibido es que salgamos a la calle».

¿Qué es lo que no hemos entendido? Que el objetivo de las medidas de confinamiento era impedir la socialización para frenar la transmisión del virus.

ED Alerta CVLas muestras de resentimiento hacia aquellas personas que tienen la oportunidad (o la obligación) de salir por causas justificadas son índice de que hay individuos que se han tomado el confinamiento como un castigo que nos impone el poder. Podemos suponer razones lógicas a esta reacción, como puede ser la difícil convivencia en familia, pero hay motivos de índole más profunda y que muestra el desequilibrio de nuestra sociedad. No hay que perder de vista la frustración derivada de que se ha acabado el «yo hago lo que me da la gana» o más bien por la incapacidad de estar encerrados consigo mismos. No perdamos de vista la condición de raíz de esto último. En estos días se ha puesto de moda un aserto del filósofo Blaise Pascal que da en el clavo (siempre y cuando no sea un bulo o una fake news): «Todos los problemas de la humanidad proceden de la incapacidad del hombre para permanecer en silencio a solas en una habitación».

Los tiempos de crisis son tiempos en los que se revela quiénes somos. Lo vimos los primeros días de esta situación inédita: colas en los supermercados, insolidaridad, depredación… O más recientemente en el comportamiento incalificable hacia el personal sanitario o de otros servicios públicos por parte de sus vecinos. Pero lo que somos es en parte consecuencia de la educación que hemos recibido, la que nos han dado en casa, la que se ha promocionado desde el Estado o desde los agentes de socialización, los medios de comunicación, las empresas…

Zo5u5Hqy 400x400En estos días el estado de alarma revela el fracaso de la educación, porque nos ha resultado más fácil confinar a la masa que pedir responsabilidad y prudencia a las personas. Uno puede preguntarse si este fracaso no ha sido interesado, si precisamente no ha ido encaminado a crear intencionalmente «masa» y no personas que toman decisiones desde el cruce de caminos entre las virtudes y la conciencia, entre el deber y la libertad.

Por ello, después de esto, cada uno deberíamos hacernos estas preguntas: ¿Qué haremos cuando salgamos? ¿Qué harán de nosotros?

José Luis Loriente Pardillo

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