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“Invisibles”

Tiene la muerte un silencio,

y en el silencio la pena,

y en la pena la condena,

eso es lo que yo presencio.

Tan cierto es, que lo evidencio,

mas no falto a la verdad,

pues la sola soledad

en la que se van los muertos

hacia sus eternos puertos,

eso… ¡no es humanidad!  

 

No es un número la muerte,

ni es una cifra siquiera,

ni es tampoco una quimera,

es algo mucho más fuerte…

Es un adiós de tal suerte,

donde hay que velar su luto

en amoroso tributo;

porque la vida que es ida,

sin tener su despedida,

ay, no tiene sustituto…

 

Ataúdes, van por miles,

con tristísimos crespones

prendido en los corazones

“en reducidos desfiles”.

La población, los civiles,

esa que está confinada,

la que obedece callada,

la que aplaude cada día

de amor, se siente vacía,

y en su dolor ocultada…

 

Nada brota de los ojos,

ni una lágrima vertida,

solo rabia contenida

por los “restos, cual despojos”.

Los muertos, ¡bajo cerrojos!

pues en ninguna “pantalla”

sale la cruda batalla,

de aquellos que se nos fueron,

de aquellos que se murieron

por la pandemia canalla…

 

Los muertos, “son invisibles”

-es la cruda realidad-

mas yo digo en mi verdad  

que los muertos son tangibles…

Porque las almas sensibles,

las que creen en la gloria

honrarán a su memoria

de todo aquel ser querido,

mas nunca será el olvido

porque quedará en la historia…

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