Opinion

Hartazgo

He decidido abandonar la política. Como lo oyen, es una decisión firme, rotunda y tal vez engañosa. No es que me haya dedicado a ella laboralmente, no soy tan lerdo. Pero sí que he pensado que había que estar atento a ella en su sentido más ético, el de procurar el bien común, aportando mi mejor disposición como ciudadano, como miembro del colectivo de mi ciudad, mi territorio, mi país y hasta de mi planeta. Eso es algo a lo que es imposible sustraerse porque hasta quienes quieren estar al margen ya ejercen con esa postura una posición, bastante insolidaria por cierto, que repercute en la vida de todos.

Así que me contradigo y afirmo que abandono la política aunque en el fondo sé que no puedo; para eso debería desaparecer de la sociedad. Lo que imperiosamente necesito es desintoxicarme de este juego de locos que en la actualidad vivimos.

Vista la disposición del mundo en general y de España en particular sólo me apetece dar la espalda a la pléyade de canallas, impresentables y miserables que se mueven en el fango del poder.

Salvo honrosísimas excepciones, no precisamente numerosas, cuantos "trabajan" en la política activa están demostrando tanta incuria, tanta rapacería, tanto descuido, tanto nepotismo, tanta desvergüenza, tanto maniqueísmo partidista y tanta villanía, que es imprescindible tomar distancia para que no nos contagien con su inmundicia.

La tendencia populista de las derechas planetarias nos puede arrastrar al colapso mundial. Y pongo por ejemplo esos dos rubios descerebrados que gobiernan el imperio yankee y la pérfida Albión, sin dejar de lado el otro rubio, más escaso de pelambrera, que pretende ser el nuevo zar de la antigua madre rusa. Tampoco se puede olvidar otros estúpidos con poder; por citar sólo algunos, mencionaré al cabezón militarista norcoreano, el irresponsable brasileño, la meapilas boliviana, el venezolano al que se le aparece el pajarito de su antecesor o algunos neofascistas europeos. Si siguiéramos, a lo mejor no faltaría papel y sin duda nos faltaría el ánimo.

Pero centrémonos en España: Progresistas torpes y egoístas incapaces de llegar a acuerdos y de pensar fuera de directrices partidistas; liberales que en el fondo son capitalistas radicales, malintencionados y depredadores de toda la vida; nacionalistas o independentistas de izquierda y derecha plenos de ignorancia, chantajistas y anclados en engañosos intereses de su terruño; ultras del conservadurismo más rancio, más antiguo y más insolidario dispuestos a regresar a tiempos peores y malvados...

Y en medio de este panorama desolador, millones de ciudadanos desconcertados, asqueados, hartos, pero incapaces de pensar por sí mismos y que se mueven en el oleaje de consignas, informaciones falsas, promesas arteras e inconcebibles manipulaciones. Me incluyo entre estos últimos muy a mi pesar.

Así las cosas, ya digo: abandono la política, apago el televisor y la radio, cierro el periódico, renuncio a las conversaciones del asunto y me refugio en mis libros, mi pensamiento individual y mi cansancio activo. Si no cumplo del todo, perdonadme; dolor de corazón y solidaridad obligan.

¡Ah! y si me veis ir a votar, que me veréis, será por el resto de vergüenza que me queda y para contrarrestar la que le falta a quienes nos gobiernan o quienes entorpecen el gobierno, todos para su propio beneficio.

Enrique Gracia Trinidad

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